Si en algo coincidimos todos los dominicanos es en que queremos ver a nuestros hijos sanos y felices. De eso nadie tiene duda. Pero muchos son los factores que influyen en el estado de salud de los niños. Unos se pueden prevenir, otros no tanto, por eso cuando una entidad gubernamental avoca sus recursos humanos y materiales para desarrollar acciones en favor de la salud de los niños, yo soy de las que me pongo de pie, y aplaudo.
Hace algunos días, en un esfuerzo sin precedentes en el país, los Ministerios de Educación y de Salud Pública dieron inicio a una campaña masiva de vacunación, en diversos centros educativos del país, contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), una infección de transmisión sexual que ocurre en la etapa temprana de la vida de la mujer, cuando se inician las relaciones sexuales, por lo que la vacuna funciona como herramienta preventiva.
A pesar de que los organismos calificados manifestaron la importancia de vacunar a las niñas y jóvenes para prevenir el cáncer cérvico uterino, como era de esperarse la jornada no estuvo exenta de temores entre algunos padres, por la poca información sobre los efectos secundarios, que de hecho, si existen, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS), al examinar los efectos locales y sistémicos en el corto y largo plazo de las vacunas ha minimizado sus consecuencias, lo que nos devuelve la tranquilidad.
El Ministerio de Salud ha sostenido que la vacuna es 98 por ciento segura en la prevención contra los virus 16 y 18, responsables del 70% de los casos de cáncer por el Virus del Papiloma Humano (VPH). En este contexto son mucho más los beneficios que los motivos para preocuparnos.
La noticia se hizo viral y generó varios debates en los grupos de wasapp. Escuche a muchos padres halando sobre de que no existe un “sentido de urgencia” para vacunar a las niñas a tan corta edad, minimizando los daños a los que pudieran estar arriesgando la salud de sus hijas. No es un secreto para nadie que en nuestra sociedad las jóvenes, cada vez de más corta edad, se enrolan en actividades sexuales sin los conocimientos y las precauciones necesarias, dando como resultado embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.
Creo firmemente en la orientación y el ejemplo, pero no debe
mos olvidar que no podremos nunca vivir la vida de nuestra prole, por lo que nuestra responsabilidad llega hasta una puerta. De ahí deben seguir ellos y tomar sus propias decisiones.
La vacuna cuesta ocho mil pesos, un monto no tan accesible para una gran mayoría. En nuestro país la generalidad de pacientes son diagnosticadas en estado avanzado, porque a las mujeres dominicanas aún nos falta por aprender a destinar un tiempo de la agenda ‘para nosotras’, lo que hace más difícil y costoso el tratamiento y favorece la alta mortalidad.
Si de alguna manera esta jornada de vacunación a las niñas de hoy protegerá a los hombres del futuro, es el resultado de un gran esfuerzo de los organismos involucrados, puede prevenir muchos malestares futuros… y es gratis, porque hacer resistencia a un proceso que responde a las propias necesidades de la evolución social. Ojala surjan muchas otras iniciativas similares enfocadas en la protección de las futuras generaciones.
