De Lujo
El caballo se considera es uno de los animales más nobles por lo que practicar equitación, como hobbie o como profesión, es además de un deporte de aventura, el arte de mantener el control preciso sobre el mamífero. La equitación implica conocimientos sobre el cuidado de los caballos y el uso del equipo apropiado. Esta actividad ecuestre tiene la característica de que hombres y mujeres compiten en condiciones de igualdad, algo poco común en el resto de disciplinas deportivas.

La equitación es sinónimo de trabajo en equipo. El jinete necesita hacerse cómplice de su caballo para obtener buenas respuestas. Sin duda es uno de los deportes más estéticos, pero también es uno de los más costosos. La inversión que amerita la compra de un caballo y su atención, el equipo necesario para el jinete y para el caballo, y la membresía de clubes especiales, hacen de este deporte una práctica de lujo, de hecho la preferida por miembros de la realeza, de la aristocracia y herederos de imperios empresariales.
Según la revista HootBook la equitación se encuentra entre os deportes más caros del mundos. Se debe de empezar comprando un caballo que puede costar desde 80,000 hasta más de un millón de pesos. Esto es sin contar el mantenimiento del caballo que ronda los 9,000 pesos mensual.
A lo largo de la historia algunos reyes han sido excelentes jinetes e incluso han participado en competencias internacionales. Otros prefieren ver las carreras y aplaudir las destrezas de los montadores desde sus cómodos asientos en los hipódromos, mientras algunos se interesan por la cría de caballos purasangre con el propósito de que ganen medallas en las competencias.
Aunque esa afición por el mundo hípico está presente en casi todas las monarquías, la Casa de Windsor, en Gran Bretaña, lleva la gran ventaja, donde, más que un simple un hobbie, los caballos son una auténtica pasión y la mejor prueba es la reina Isabel II.

La monarca empezó a recibir clases de equitación a los tres años, es dueña de numerosos caballos de alta calidad, escoge sus nombres, se mantiene pendiente de su crianza. A sus 91 años, la monarca más longeva de la historia del Reino Unido continú
a disfrutando de los paseos a caballo.
Los príncipes William y Harry también aman los caballos y a menudo se les ha visto montándolos para practicar el polo y disfrutan asistiendo a las competencias hípicas.
